Cuentos de un día para el resto del tiempo
Cosas grandes en detalles pequeños con diversos personajes
El grillo cojo
¿Sabes lo del grillo cojo?
En las largas noches de luna
componía melodías
para sacarse el sombrero.
Pero una noche cualquiera
estaba él tan contento
tocando su violín
con sus patitas traseras.
Le sorprende aquel trueno
y se mete a toda prisa
Invadido por el miedo,
en su casita de tierra
Y comienza a llover,
tan fuerte y de tal manera,
que se pone a rebosar
de agua su madriguera.
Que pena y que dolor
donde tanto había cantado,
toda aquella primavera.
era causa de pavor.
Así que esta tan triste
lo de quedarse sin ella,
que debe abandonarla
y sin pensarlo siquiera.
Huyendo de tal diluvio
sale el a toda prisa,
y casi sin darse cuenta
se presiona en una piedra
Que se deja una patita
compendio de su destreza
de múltiplex melodías
de tantas noches de fiesta.
Triste ya y desolado
allí afuera se encuentra
un sapo mal encarado
y con muy poca vergüenza.
Quien pasea por el huerto.
le dice muy estirado,
¿Qué haces tú…cascabel?
en esta noche del diablo.
¡Que voy hacer compañero!
que estoy solo en la vida,
sin mi pata y sin casita.
es que no tengo remedio.
Pues con el hambre que tengo,
yo te comeré sin miedo.
Le dijo aquel sapo tuerto,
sin recato allí en el huerto.
¿A eso no te atreverás?
si es que soy un grillo cojo,
y ya no puedo cantar,
no puedes hacerme esto.
Y a mí que más me de la,
tengas o no tengas pata,
o que no puedas cantar
por mi garganta, bien pasas.
Piensa detenidamente
es un delito sin temple
el comerse a un mutilado
no es tan siquiera de agrado.
Aquella masa con patas
declina apreciar el arte.
Has de darme un motivo
para poder yo dejarte,
Si ya no puedes tocar,
y eres un grillo sin arte.
Eso te falta por ver,
dice el grillo sin placer-
Yo siempre hago camino,
soy músico por destino,
como podrás comprobar
yo toco en cualquiera parte.
Y comienza a tocar,
con la de atrás y de alante,
aquella larga sonata,
que se tenía en dos patas.
El sapo casi embaucado,
y tuerto de nacimiento,
de escuchar tal sonata
dejó libre a tal talento.
Aquel grillo mutilado
con lágrimas de alegría
seguirá haciendo historia
pues comienza un nuevo día
La carrera del Perro
Pero el grillo cojo, después de la tormenta que le anegara la casa, y expuesto a que lo había querido comer el sapo tuerto. En agradecimiento por ello, se levanta aquella mañana temprano con la intención de ir a la fiesta del santo cristo de Goián, pero como incluso hasta allá se sabía más que la carrera de un perro, estaba en la búsqueda de quien lo podía llevar. Así que cuando la hormiga amarilla dio con él posado sobre aquella cancilla, le dice muy decidida:
_Ya me podías llevar la fiesta del santo cristo, te iba a quedar muy agradecida.
_ ¡Ay sí! ¿Cómo te atreves? Yo también estoy en la búsqueda de quien puede echarme una mano ¿es que no te das cuenta de que estoy cojo?, que me falta una pata de las traseras.
_¡arre demonio! pues no me había enterado de eso- repone la hormiga amarilla- pero de todos modos, ella insiste- es que tu… eres mas grande que yo, y de todas las maneras, siempre llegarías antes, ya que das grandes saltos aún con una pata sola.
El grillo, después de pensarlo un poco, y aun que no muy convencido, acaba hacerle caso.
_ ¡Esta bien! Te llevaré, si no me estarás a rayar sin sosiego.
Y después de cargar con ella a cuestas, llevando ya un bueno trecho hecho, toparon con el lagarto Juanchi que también iba para la fiesta de Goián. Así que le dijo el grillo con un poco de vergüenza.
_ ¡Sí tu pudieras echar una mano, es que…como eres más grande y corres de sobra, bien nos podías llevar a la fiesta de los melindres de Goián.
Pero en eso que la hormiga habla ella muy dispuesta.
_ ¿Cómo nos vamos a fiarnos? El lagarto tiene la lengua muy larga, y... incluso nos pode comer.
_Tu calla...- pone el grillo con ventaja- el lagarto y buena gente, el vive halla por la Torrente, y hace tiempo que lo conozco.
Pero la hormiga que era ella muy recatada y miedosa, aun añade.
_ ¡Eso no le hace! Los lagartos son lagartos, y pueden comer después de bien hartos, pero... no obstante tendremos que fiarnos si queremos llegar a tiempo la fiesta del santo.
Así que la hormiga Amarilla en encima del grillo Cojo y este a caballo del lagarto Juanchi, se pusieron a hacer camino a tierras del Páramo. Y cuando ya llevaban lo suyo de andadura, y como bastante cansado, sobre todo el que iba debajo de todos, ya que iban todos el encima de su costado, dieron con el conejo Pinto. Y le dijo el lagarto al de los lamparones..
_ Si non pudieras llevar a las tierras de Goián, cuanto te lo agradeceríamos. Que bien nos vendría tu ayuda.
_ ¿Y para que?- pregunta el rumiante.
_Pues por que pretendemos ir a la ofrenda del Santo Cristo y que llevo ya mucho peso en el encima de mí. Así que si tu nos llevaras a caballo, iríamos más de prisa para la fiesta, pues de este modo no llegaremos a la misa de doce.
Y el conejo Pinto, que era grande en todas las maneras, le dijo no muy de acuerdo.
_Yo os llevo, pero con la condición de que cuando canse os desparramo lo todos en el primero balate que encuentre en el camino.
El lagarto muy contento por ello, responde decidido:
_No va a ser menester, tu avisas antes que nosotros bajaremos de contado.
Dicho y hecho, todos juntos treparon al conejo pinto para poder salvar aquel trecho que aun les faltaba.
Así pues, la hormiga Amarilla en el encima del grillo Cojo que iba a caballo del lagarto Juanchi, quien echado al costado del conexo Pinto. Parecían todo cómo trabajando en un circo. Como si de este modo hubieran repartido más el peso, aguantando cada quien lo suyo, y como enganchados en uno solo, con el riesgo de caer de aquel parapeto. En esta guisa, siguen hasta llegar la Escarlán, casi ya en el territorio de Goián. Pero de pronto les sale al camino uno de aquellos perros grandes, que incluso parecia casi un caballo.
El tiempo escapaba del reloj de quien lo tuviera como alma que lleva el diablo, sin sosiego y sin remedio para poder llegar a tiempo el festorro, que ya incluso no llegaban a misa de las doce por más que lo intentaran, aun que era la más hermosa, cantada por casi una docena de curas. Así que tenían que hacer algo para poder llegar a tiempo, y que mejor que ponerse todos a caballo de casi aquel percherón. Aquel San Bernardo tenía mucha lana para poder engancharse bien y no caerse. Pero antes, tenían que contar con él. Dar suerte que el conejo Pinto habla con el perro, pidiéndole por favor, si él podría acercarlos a la iglesia de Goián, ya que todos ellos van de ofrenda a fiesta de los cilindres, que a parte de todo, era como un antojo y deleite a la vez.
El perro muy tranquilo como de costumbre en su raza, les dice.
_Vais a tener suerte, ya que hoy estoy más que harto, mi amo me dio hasta reventar de sobras de conejo. Parece cosa del Demonio, es que no apareceréis cuando tengo hambre, si no os ibais a enterar de quién soy yo. Pero bueno, incluso me va bien lo poder estirar las patas un trecho.
Así todos aquel revoltijo de vasca tan variada, animales, insectos, y reptiles, subieron al ultimo medio de trasporte para llegar el destino fijado. Pero por el camino las pasaron estrechas, ya que el perro no frenaba en las curvas y todos se llenaban de miedo de la velocidad que ponía el san Bernardo, pero el fin pudieron llegar a tiempo, sanos y salvos sobre y seguro de no ser comidos por la hartura de la supuesta fiera, a la fiesta de Goián, quienes después de oír la misa, comer los melindres que aguardaban, tuvieron la suerte que acabar con bien aquella carrera de un perro.
Y colorin colorado, este cuento se da por rematado. ¿Que te parece? ¿Te ha gustado?
Fin